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La CATARATA CONGENITA, es la opacificación del cristalino presente desde el nacimiento, por ello, su despistaje se hace dentro de las primeras 6 semanas de vida mediante la observación del reflejo pupilar. Cuanto más densas sean y cuanto más se retrase su extracción quirúrgica peor sea la agudeza visual final de estos niños, aunque no todas las cataratas en la infancia son quirúrgicas. Algunos tipos permiten un desarrollo visual adecuado y por lo tanto no se deben operar ya que los inconvenientes de la cirugía superarían las ventajas.
La cirugía de catarata en el niño no es tan “agradecida” como en el adulto. Los niños menores de 8 años requieren no sólo una limpieza de cristalino para retirar la catarata (facoaspiración) sino que además requieren la retirada de parte del gel que rellena el ojo (vitrectomía anterior) previa a implantación de la lente intraocular, lo que complica la técnica y aumenta el riesgo de complicaciones postquirúrgicas. También tienden a desarrollar mayor inflamación y mayor fibrosis que el adulto. Pero sobretodo, necesitan de una rehabilitación visual durante todo el período de desarrollo visual mediante la utilización de parches y de gafas o lentillas para lejos y cerca.
El seguimiento se prolongará durante toda la vida, ya que en general son ojos anómalos y por lo tanto más predispuestos a desarrollar patología oftalmológica, alguna de muy difícil tratamiento como es el glaucoma afáquico (daño del nervio óptico consecutivo a la subida de presión intraocular posterior a la cirugía de catarata)
Existen síndromes en los que la catarata congénita se asocia a diferentes patologías sistémicas, por lo que es necesaria una estrecha colaboración con el pediatra.